Escuela Literaria del Sur

La ELS ofrece una oportunidad para aprender el oficio de escribir sin las barreras de tiempo o coste que imponen las escuelas tradicionales.

Semanario La Vanguardia

Un espacio para el pensamiento agudo y las voces urgentes.

Libro Subito

Lea lo mejor del cuento breve contemporaneo.

lunes, junio 29, 2009

COMUNICADO DE LA RED DE ESCRITORAS Y ESCRITORES POR EL ALBA

COMUNICADO DE LA RED DE ESCRITORAS Y ESCRITORES POR EL ALBA

CONDENAMOS EL BRUTAL GOLPE DE ESTADO EN HONDURAS

El domingo 28 de junio de 2009 marca un capítulo más dentro de las páginas oscuras de Nuestra América. El ejército hondureño, y las fuerzas políticas de la derecha, han dado un vergonzoso Golpe de Estado al gobierno democráticamente elegido de Manuel Zelaya. El hecho ocurrió en Tegucigalpa, cuando cuatro comandos de aproximadamente 200 soldados llegaron a la residencia del presidente hacia las 06:00 horas, tiempo local. El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, fue secuestrado y trasladado a Costa Rica por los militares. Mientras el presidente del Congreso, Roberto Micheletti, se autodesignó como presidente interino de la Nación, hecho que es rechazado por los miles de hondureños que en las calles exigen el retorno del Presidente constitucionalmente electo.

En solidaridad con los miles de hermanos hondureños que han declarado su intención de mantenerse en la calle hasta que retorne el presidente Manuel Zelaya, que rechazan categóricamente la posición del Congreso y ratifican que no reconocerán a un presidente de facto, la red de escritoras y escritores por el ALBA nos declaramos en resistencia hasta que este retorno se logre.

Por lo tanto, no reconoceremos ningún otro gobierno hondureño que no sea el encabezado por el presidente Manuel Zelaya. Nos comprometemos a denunciar, a manifestarnos en las calles, en nuestros distintos medios escritos y electrónicos, y en todo momento, sobre este brutal golpe de estado, al igual que todas las acciones de represión que se desaten a partir de él. Condenamos entonces la ilegalidad e ilegitimidad de este Golpe de Estado y exigimos la restitución del gobierno democrático del presidente Manuel Zelaya.

Reconocemos la valentía de los pueblos nuestro americanos y enarbolamos sus voces que han sabido resistir en diferentes tiempos históricos. Alzamos la voz y la lucha de Allende, Sandino, el Che y de todas las mujeres y hombres que resistiendo nos han dado la fuerza y la razón para vencer. La construcción de la paz y la democracia, sólo puede darse sobre la base de la justicia y la solidaridad, y porque somos responsables de nuestro futuro lucharemos por un presente donde se respeten las decisiones que libremente hemos tomados los pueblos de Nuestra América.

Firman:

Iván Cruz Osorio (México), María Eugenia López (Argentina), Gladys Mendia (Venezuela-Chile), Benjamín Morales (México), Daniela Saidman (Venezuela), Horacio Cavallo (Uruguay), Isaac Morales Fernández (Venezuela), Rosa Chávez (Guatemala), Pablo Benítez (El Salvador), Norys Saavedra (Venezuela), Pablo Villarreal (Argentina), Juan Manuel Parada (Venezuela), Julia Erazo (Ecuador), Yuri Patiño (Venezuela), Augusto Rodríguez (Ecuador), José Javier Sánchez (Venezuela), Gabriel Figueredo (Venezuela), Inti Clark (Venezuela) Yanuva León (Venezuela) Katherine Castrillo (venezuela) Leonardo Cabrera (Uruguay) Germán Gana (Chile)


Simpatizantes de la red:

Saúl Ibargoyen (México-Uruguay), Ambar Past (México), Max Rojas (México), Gabriela Astorga (México), Luis Téllez-Tejeda (México), Santiago Robles Bonfil (México), Galo Ghigliotto (Chile), Daniela Moreno Urdaneta (Venezuela), Leonardo Delgado (Venezuela), Julio Valderrey (Venezuela), Jesús Ricardo Alustiza (Venezuela), Lenín Santiago Márquez (Venezuela), Omar Alfonso Requena (Venezuela), Javier Pérez (Venezuela), Usbaldo Volcán (Venezuela)




* Siguen llegando firmas de compas escritoras y escritores de América Latina...

miércoles, abril 01, 2009

Los ojos del troyano

Me lanzó una mirada frontal y comprendí, por alguna razón que no he llegado a dilucidar, que me estaba saludando. En el fondo me alegra que haya logrado reconocer mi rostro en medio de la multitud de sus cotidianidades.

Su cabello alborotado, típico en los hombres que acostumbran a pasar sus manos sobre el, quizás por algún tic nervioso, era la fotografía de un matorral color ceniza batido por el viento. Se apoyó en los pasamanos, y con la destreza de un gimnasta sobre el potro, levantó su cuerpo de la silla de ruedas y lo dejó caer a los márgenes de una acera contaminada de huellas. Contaminada de olvido.

Procuró dejar la silla a un lado del teléfono público. Se tendió, emulando las poses de aquellas sirenas de las viejas películas, acariciadas por las olas y la música fresca, mientras a lo lejos se dejan oír las graves voces de los caracoles. Claro que para Héctor la ciudad ha preparado vallenatos, como parte de la banda sonora de su historia, y en vez de caracoles, las cornetas afónicas, y los diáfanos insultos de los apresurados.

Yo, estoy detenido a pocos años de él. A pocos pasos. Veo sus ojos de glúteos femeninos; ojos que se posan en cada fragancia de hembra, antes de que sus manos se rindan ante la magnificencia de los cuerpos apetecibles. Cuerpos gloriosos de una mañana suicida.

Alguien le tira una moneda y lo saluda, él responde con onomatopéyico gesto, mientras escucha el metálico sonido de las pequeñas montañas de monedas que se van formando en la caja. Lo observo mirar sus piernas casi ausentes. Piernas que debieron ser fuertes para poder enfrentar a Aquiles. Para corresponder al honor de ser, corresponder al linaje en acto heroico y desenfadado a los predios de la muerte meritoria de un aguerrido príncipe.

Lo veo tan cerca que al mismo tiempo puedo verme de frente a él dejando caer una moneda sobre la caja acumuladora de saludos. Me veo en cada rostro sin nombre que lo circunda, en cada risa envenenada, en los ojos que lo fusilan. Me veo en el cigarro que fuma sin pausa, como tratando de huir en el humo blanquecino que se eleva hasta la nariz de hombre que alquila celulares.

Sacude su cabeza con la boca entreabierta, dejando que la lengua tome un respiro, que pueda asomarse y ver lo que hay más allá de los bloques amarillentos que rodean su frontera. Un mundo, que a pesar de su indiferencia, es su mundo. Las calles desprendidas de la montaña en vertical descenso. La gran hilera de vehículos gruñendo con los peatones, con los otros gruñones, con la vida. La infinita cantidad de zapatos andantes; zapatos pulidos, gastados, lejanos. Un mundo de piernas, de glúteos y quien sabe que más.


Héctor me mira. Sabe que yo lo miro. Me saluda y me emociona pensar que sonríe conmigo. Me ha descubierto observándolo y aprovecha la ocasión. Me hace una seña, frotando el pulgar con los dedos índice y medio de su mano derecha, pero de inmediato unas esbeltas y lampiñas piernas secuestran sus ojos furtivos. Quizás las piernas mas hermosas del día, pues de inmediato el universo se resumió en ellas.

Allí, en medio de la ciudad que grita, él tiene tiempo para amar a la mujer perfecta. Esa que está fragmentada y esparcida en todas. La banalidad de la estética helénica no tiene cabida en el corazón de un hombre que no sabe de prejuicios. Da igual un cuerpo a lo Venus de milo que a las gordas de Botero. La mujer perfecta no sabe de tallas.

Allí, ante los ojos boquiabiertos, Héctor tiene para amarse sin pudor. Piensa en las piernas que lo rodearon y juega con su cuerpo. Debajo del roto blue jean, acondicionado para sus piernas, diminutas y flacas como el tiempo, la sangre fluye con veloces bombeos levantando el único miembro vivo de la cintura para abajo. Se acaricia. Se recrea y disfruta en un mundo paralelo de los placeres negados por la desgracia de un parto mal concebido. Cuántas mujeres caben en un solo cuerpo; cuerpo de rompecabezas excitante.

La ciudad no cesa, y yo debo continuar en el círculo raudo que me constriñe y reclama afronte mi camino. Héctor ha dejado la acera embriagada de autorretratos pastosos, viscosos seres que pudieron tener nombre y oficio en un futuro negado a recibirlos. Mientras tanto, dejo caer una moneda y espero que sus ojos vuelvan al lugar habitual, dos cuencas desorientadas por el éxtasis. Espero su saludo para verme en los ojos del troyano. Los ojos aguerridos que encontraron a la mujer perfecta.

De tres por dos

Etílicas pieles bañadas en espuma
al borde del altar más soez de los dioses.
Serenata inconclusa de cuerpos mortíferos,
estridente solo de sudores y besos
en un paraíso de tres por dos
en un paraíso arrinconado
entre cuadriculadas montañas

Sumados los vapores
concluyo irremediablemente
en la totalidad
después de haber calculado
las livianas pieles del sofá
sumergidas en amarillentas espumas
estimulantes
espumas de un equinoccio postergado
para el encuentro fortuito
de quienes planifican la casualidad

lánguido amanecer
amanecer de lluvia
de piernas
de huidas
de apresurados labios
antes de que la boca que se tragó tu blusa
devorara los últimos destellos de discreción

martes, marzo 03, 2009

Dos letras

Me permito soñar en las calidas
nieves de tu espalda ávida de socorros
me atrevo a navegar en el puerto abultado
ese que reclama mi llegada en el vaivén de la noche

Me permito soñar en el vientre casi madre
en el río poblado de árboles dulces
en la piedra del medio
en el faro

Me permito soñar en la sirena
que canta su melodía bitonal
en la árida garganta y la voz marchita
en el índice bebido
en el acelerado reloj
y el maldito celular inoportuno

Sueño con baños amantes
con pasos delatores que no me intimidan
con rodillas rojas
y diez surcos que atraviesan mi espalda

Me despierto convulsionando a sorbos
con ese viscoso aroma en mi boca quejumbrosa
con los ojos extraviados
y el corazón cual traidor iracundo
frenando en cada centímetro cúbico de aroma

Me despierto con tu sabor a pizca
balbuceando tu nombre de dos letras
me hago conciente de tu espesura
y me permito soñar

jueves, febrero 19, 2009

Dispara a quemarropa

La soledad toma su rifle
lo mete en mi boca
se ríe

Bolsas de futuro llenas de nada
nada que se multiplica en mis ojos
noche larga
silencio tenue


Dispara la única bala
soledad de mierda
dispara a quemarropa
intento inútil de afecto

No temo a las sombras
no temo al aullido blasfemo
de tu caricias heridas de antojos
no huyo de ti
ni de las saetas lanzadas a mitad de la noche
en el país vacío que he construido con tela
no me defiendo de la risa que me mira
de la risa que manosea la mía y se larga en llanto
no busco el amparo provisorio
la puerta de salida
ante la ruda ausencia del abandono

tira del gatillo
no te acobardes por mis ojos de lechuza
Suelta tu unigénito plomo
que la noche se extiende
incrédula y obstinada

Si no has de disparar esta noche
toma tu abrigo
no te despidas
no quiero procurarte noble
y perseguirte en mitad de la nada

jueves, febrero 12, 2009

Gaza

para los que aun tienen memoria


La bala genocida siempre será culpable sin importar el fusil que la dispare. Soldado, metralla, voz de diana. La ausencia de los ojos nobles del que antes fuera abatido. Sangre, dolor, Fragmentos de vidas. El precio de Ismael.

Llora Abraham sus muertos, mientras ríen los que antes padecieron. Desmemoria, altivez, crueldad. La causa injusta de los hijos de David.

Una pierna, media pared, otra bomba. Las manos se elevan sin respuesta en la espera de misericordia. Buen momento para perder la fe. Los inválidos ojos del mundo orbitan en sus cuencas vacías, al tiempo que los cuerpos invadidos se van en las orugas del aniquilador.

Esta calle no tiene nombre

Este árbol mula nunca supo como llamar sus frutos. Esta urbe, huérfana de hijos, mira a los de allá transitar absortos en los espejos de mano.

Un artista confundido. Una mujer sin marido. Un hombre descalzo, sucio, olvidado. Un pedazo de piel en cada esquina. Madrugada soleada del mes de mayo. Maldita ausencia de sentido común o comunismo.

Uno, dos, tres, no vi al niño detrás de la pelota. Mancha de sangre en la calle.

Uno, dos, tres, No hacen falta gallos para anochecer.

Uno, dos, tres, gallinas tendidas en el árbol.

Uno, dos, tres, apoya el fusil contra la hoja porque esta calle no tiene nombre

martes, febrero 10, 2009

Yo conocí a Superman


Yo conocí a Superman en el Táchira, envuelto en su traje azul y con los zapatos del Chavo. El sol de Metrópolis le tostó la piel. Bigotes de niño, sonrisa pronta, inocencia.
Los ojos burlones no comprendieron al héroe. Superpoderes gastados, capa desteñida, afro. Inútil esfuerzo por despegar del suelo. Destinos extranjeros tomaron sus fotos en la fuga que nos brindan los desconocidos, los almados. Los que sin traje azul también desean despegar de la tierra.

Yo conocí a Superman entre poetas. Peones, alfiles, caballos. Combate permanente entre las sombras de la plaza de Simón. Letras del ALBA, respeto, compasión. Sus ojos delataban la ausencia de los años. La pereza colgada del árbol, las ardillas fugitivas, los mendigos. Todos cómplices y testigos de las aventuras del joven Clark, ahora escondido en nuevo cuerpo para evadir las amenazas de Luthor. Maldito villano, multiplicado en millares que miran con desden la dignidad de un héroe que huye del frío y se cubre en la casa de cartón que le prestó un amigo.

Héctor


para Héctor “el mocho”

Me descubro en la acera del frente recordando a la profesora de física, y comprendo el verdadero sentido de la gravedad. Te descubro en esta acera sonriéndole a malabarista del mástil tricolor; pensando quizás en la naturalidad de la vida.

Un cigarro, una seña, una moneda. El gesto preciso para llenar la caja. Una silla de ruedas minusválida, unos ojos perdidos, una erección. En tus manos han posado todas; las has poseído a todas sin prejuicios. No desdeñaste la celulitis, ni te desanimó la flacidez del abandono. Todo el universo cabe en una mano. Una queja una risa, un bramido.

viernes, febrero 22, 2008

El emisario

Las manos sobre el pecho. La mirada perdida. Y sobre el pensamiento un pájaro gris que lleva atado un trozo de papel en una de sus patas. Los palos de caña brava en el techo amenazan con venirse al suelo después de medio siglo; y la dignidad incólume recibe los últimos ataques.

En el jardín, juegan los nietos sobre la tierra amarillenta, mientras las sombras precisan las diez. El almendrón propina la única sombra alrededor de la casa, allí los hijos aguardan la partida de mensajero gris.

El calor aumenta, y ya en el viejo cuerpo no queda liquido para sudar. Las paredes cenicientas a cada minuto se van haciendo mas angostas; y el calor empieza a desaparecer y se convierte en nada.

Las mujeres en el fogón preparan el café de las tres; las sombras continúan girando en el almendrón, y envueltos en la tierra los niños descubren un nuevo juego. Avanza lentamente el tiempo, mientras el viejo recuerda las imágenes que le permite la memoria. Ya no hay fuerzas para llorar, ni siquiera las hay para cerrar los ojos. Presiente que en cualquier momento se llenará la casa de gente; llegarán primero los enemigos, luego los familiares, los curiosos, los amigos y todo el que desee tomar café. Resiste. Pero las sombras han cubierto el patio y los niños duermen sobre sus catres, y el ave que dormitaba ha comenzado a revoletear en el cuarto.

Sin poder hablar o moverse, el viejo hace gestos tratando de espantar el pájaro, pero todo intento es inútil. No puede gritar, apenas si sale de su interior un gemido triste. El pájaro se posa en la ventana y emprende el vuelo hacia el oriente; no se detiene. Avanza velozmente ante las miradas que escudriñan en la penumbra.

La casa queda en silencio. El viento que soplaba sobre las ramas del almendrón ha cesado; no se escucharon más las desafinadas notas de los grillos en el patio, y el perro que aullaba junto a la ventana del viejo también ha quedado mudo. No hubo tiempo para llorar en la noche más larga y silente de todas las noches.

Cuando sea la hora volverá como de costumbre el pájaro gris, a llevar consigo el llanto de los que aguardan el tiempo de las sombras. La próxima vez lo esperará otro cuerpo en el mismo cuarto y sobre la misma cama, con las manos sobre el pecho y la mirada perdida. Y seguramente habitará allí, sobre el pensamiento; y la dignidad incólume recibirá otra vez los últimos ataques.

miércoles, febrero 13, 2008

El Bello y la Bestia

El hada dio un toque con la varita y transportó a todos los que estaban dentro de la sala, hasta el reino del príncipe. Sus súbditos le recibieron gozosos, y él se casó con Bella.
A la vuelta de cinco años un nuevo maleficio afectaría la relación. El pacto que hizo con la joven hada daría resultado para esa fecha y el embrujo regresaría nuevamente pero esta vez habría un pequeño cambio de género. El galante príncipe, convertido en rey se veía de lo mejor. Sin embargo en el establo una nueva bestia dormiría entre los animales.

Insurrección

Antes de hacer el bautizo del libro, el autor había leído cientos de veces la novela; no podía evitar la emoción cada vez que llegaba al momento donde los tiburones se comen el gran pez que atrapó el viejo.

Ya cansado, el viejo no quiso seguir sufriendo ese momento amargo y se lanzó al agua para luchar con los tiburones. El resto de las páginas quedaron vacías; y una mancha de sangre cubrió las hojas lentamente.

martes, octubre 23, 2007

Plagio

Una carrera exitosa, una vida llena de logros, una estrella. Nadie podía mirarme a la cara sin sentir mi superioridad. Para aquella película contrataron a un nuevo doble. Cada vez que lo miraba, era como verme al espejo con la horrible sensación de que ese reflejo no me obedecía. El parecido era tal, que él era quien firmaba los autógrafos. Se acostó con mi esposa, se ganó el afecto de mis hijos y de mi perro, le dieron mi trabajo y a mi el suyo.

Decidido a terminar con esta situación, cargue mi arma y fui a su encuentro; pero al estar los dos cara a cara, no supe si él era yo o si yo era él y termine disparando a la persona equivocada.

Exceso de velocidad

La colisión fue inevitable. Los vehículos involucrados quedaron inservibles. Los gritos de los heridos delataban la magnitud del hecho. Mi hijo fue el causante de la tragedia. Desde ese día jure que nunca lo volvería a llevar a los carritos chocones.

Súbditos

Levantó sus manos el hombre de la gran la barriga y los pequeños súbditos cerraron sus bocas de forma inmediata. Se pasó las manos por el rostro, disimulo una sonrisa, miró a los presentes y dijo:
—Estamos reunidos en esta oportunidad compañeros para tratar un tema de gran importancia para la humanidad. Es hora de darle el poder a nuestros hermanos… tenemos que desechar los vicios del pasado que solo nos llevan a la miseria.

En cada oración, entrelazaba sus dedos apoyando sus manos sobre la voluptuosa panza. No paró de hablar durante casi una hora. Habló de él, de sus logros, de su infinita bondad y su sapiencia. Contó también de su experiencia en otros mundos, y como lo amaban los extranjeros. Por supuesto no podía desaprovechar la oportunidad para mencionar dentro del discurso su gran humildad.

En la fila delantera los lacayos reían a carcajadas ante cada mal chiste, y por lo general ellos eran el objeto de la burla. Lo admiraban. Mas bien lo odiaban, pero no tenían el valor de decírselo; pues el se mostraba como amo y señor de cuanto ellos anhelaban.

Después de un día de halagos, llegar a casa era una tortura. Allí no había a quien presumir. La mujer lo esperaba todos los días con el deseo de marchito; esa manía de creerse superior lo condenó a una vida miserablemente envidiada; y a la pobre mujer ni siquiera arrastró con él; ella no era más que un espectro que recorría la vieja casa.

Una noche cualquiera después de lo acostumbrado, se desbordó sobre la cama dejando caer la amorfa materia, malgastada por los excesos de alcohol y grasa. El fantasma recorría la casa, abrió la puerta y vio el cuerpo semidesnudo, semiacostado y semidormido. La borrachera no le permitió quitarse la ropa, apenas si puedo desabotonarse la camisa. La mitad del cuerpo reposaba en la cama mientras el resto yacía en el suelo. El estruendoso ronquido retumbaba por toda la casa acompañado de un balbuceo casi indescifrable.

Mala suerte amigo, el doctor te prohibió comer grasa; te dijo que no tomaras cerveza, y que por ninguna razón dejaras de tomar la pastillita para el corazón. Pero como siempre, soberbio ante todo. Le dijiste al doctor que eras un hombre sano, que no necesitabas restringirte para ser feliz. Es una pena perderte, pero, que le vamos a hacer, así es la vida.

Los súbditos lloraron sobre la tumba de mármol; nadie más que ellos puedo cargarlo hasta el cementerio; ni siquiera los hermanos pudieron persuadirlos para que soltaran el féretro. El olor a clavel y los poemas tristes casi matan al fantasma que en veinte años no había salido de la casa. Todos lloraron, todos fueron su mejor amigo; todos lo amaron.

Los lacayos se libraron del yugo, se deshicieron del despiadado que los humillaba; sin embargo se sentían incompletos. Así que le buscaron un reemplazo.

En la primera fila ellos vuelven a reír, han encontrado otro igual, a quien aman y odian con la misma intensidad.

viernes, septiembre 07, 2007

Juego peligroso

El partido entre Lideres de Yaracuy y Duros de Lara se inicio en el gimnasio cubierto “Nicolás Ojeda Parra” a eso de las siete treinta de la noche. Mi esposa decidió no acompañarme a ver el juego, así que invite a un par de amigos. La noche anterior vi a mi equipo caer ante su rival trágicamente. Por esa razón llegué con mucho ánimo a ver el juego. La liga nacional ha venido aumentando de nivel en cada temporada. Para este año, Lideres cuanta con el mejor importado de la liga.

El cielo esta parcialmente nublado, tengo algo de frío y se me quedo la chaqueta sobre la cama. Mis amigos no aparecen. Me como un perro caliente y se manifiestan ante mí, como pequeñas hadas las primeras gotas de lluvia. Como un ciempiés, la enorme fila para entrar al coso deportivo empieza a moverse. Me acerco a la entrada y saludo a uno de los oficiales que custodia la puerta, gracias a su amistad he podido evadir todas las noches la larga cola.

Una vez adentro, comienza la acción. El equipo de Lara no esta tan “duro”, eso permite montarse en el marcador, con más de doce puntos de diferencia en un santiamén.

La lluvia no ha cesado. Las pequeñas gotas fueron remplazadas por gigantescos chorros de agua que caen a los lados del gimnasio; la brisa arremete sin compasión. Una gota, se deja ver en lo más alto del techo, recorre sin prisa un par de centímetros y cual suicida se tira sobre el tabloncillo. Una tras otra, las gotas repiten la aventura. El juego se detiene habiendo apenas transcurrido cuatro minutos. En seguida la multitud comienza a gritar a coro “queremos juego, queremos juego”.

Hasta este momento todo esta aparentemente normal. Nadie se ha percatado que el estacionamiento esta completamente inundado. Los jugadores se han quedado en la cancha realizando ejercicios de calentamiento para no perder la temperatura del cuerpo. Yo, como todos los demás sigo en mi asiento, sin saber que la lluvia a derribado árboles y avisos publicitarios en toda la ciudad. Felix esta haciendo estragos y ninguno de los presentes lo sabe.

De repente sucede lo que me temía. Una fuerte descarga eléctrica. Por un momento mis ojos quedan en completa oscuridad, solo puedo oír los gritos de la multitud; ha esta hora muchos han empezado a temer. Para mi es solo un aguacero mas, nada que temer, esto pasara pronto.

A mi cabeza empiezan a llegar una serie de imágenes, recuerdo el terror que mi esposa siente ante la lluvia. Recuerdo la tragedia del noventa y nueve en Vargas. Pero pienso por un instante que mi esposa no esta sola, ella esta con Lucy, nuestra perra. ¿Pero de que sirve?, si Lucy también le tiene miedo a la lluvia, bueno… a los truenos. Me las imagino y no dejo de sentir compasión y un poco de risa. La verdad es que ellas son muy valientes, y necesitan ser presionadas para poder demostrarlo.

Me he ido a otro plano con mis pensamientos y no me he dado cuenta que todos se han parado de sus lugares porque la lluvia ha mojado nuestros asientos. Cuando me percato de la situación me dirijo hacia la parte superior de las gradas; desde allí puede verse la calle. No me dio tiempo de llegar arriba, el mundo se deshizo ante mi en un instante.
El señor de blanco me pregunta mi nombre, y no se porque razón no puedo responderle. Me duele mucho el cuerpo. Tengo frío. La claridad me dificulta la visión. ¿Dónde estoy? ¿Que ha pasado? No se. Comienzo a llorar y una joven de aspecto delicado se acerca a mi cama y me acaricia. —tranquilo mi amor, todo esta bien. Me siento caer. Es como si me deslizase por un gran tobogán; se que no voy a ningún lado pero siento como si mi cuerpo fuese cayendo a un abismo al cual olvidaron colocarle fin.

Tres meses, todo igual. Ni una sola visita, ni un solo amigo. No he logrado recordar nada. El señor de blanco ha intentado convencerme, pero yo me niego a creer lo que me dice. La chica asegura que es mi esposa; no se ha movido ni un solo instante de mi lado. Le hablo y no me entiende. Eso es desesperante.

Levántate de ahí, ya no puedes hacer nada —las palabras del viejo me molestan— es por el bien de ella, déjala libre.

Hoy me he decidido; respiro hondo y poco a poco voy levantando mi cuerpo hasta quedar sentado sobre la camilla. Un grupo de doctores y enfermeras entran corriendo a la habitación y hacen que la chica salga del lugar. Se paran alrededor de mí y me asusto. Sin embargo continúo con lo previsto. Me pongo en pie y paso en medio de ellos sin que se den cuenta. Ellos continúan alrededor de la camilla con sus aparatos y yo camino hacia el pasillo. La chica llora destrozada. Uno de los médicos sale de la habitación y la mira sin pronunciar palabras; ella lo abraza y llora desconsolada. Mientras, yo continúo hacia la libertad. Tenía razón el hombre de blanco, los muertos no tienen memoria.

sábado, agosto 18, 2007

Pasos para leer un libro

Para nosotros el libro es un objeto familiar, para muchos un aliado. Después de ver este video me he preguntado ¿será que la misma resistencia que muchas personas han puesta a las computadoras, se la hicieron a los libros? Y no dejo de pensar en lo ridículo que puede parecer la fobia de alguno de mis antepasados a ese nuevo invento: “el libro”.
Aquí dejo un video que juega con esa idea: un lector en plena transición, acostumbrado al “viejo sistema” del pergamino, ha pasado largas horas desorientado, tratando de averiguar cómo funciona ese ruin “nuevo sistema” y, temeroso de perder información mientras lo manipula, decide llamar al “servicio de escritorio”:

martes, agosto 14, 2007

Fantasmas

Buscaba algo. No se que, pero se zambullía con tal desesperación que me detuve a observarlo detenidamente.

Es agosto, y la ciudad esta inundada de personas. El sol castiga nuestros cuerpos, y el humo de los vehículos obliga a los visitantes a toser en cada respiro; los de aquí ya ni percibimos el humo. El aumento salarial se ve reflejado en los zombis que caminan hipnotizados mirando las vidrieras, mientras van cargados de bolsas por las avenidas congestionadas. Un ser sin rostro camina entre ellos. Nadie sabe su nombre, mucho menos su origen; pero esta ahí aunque no deseen verlo.

Su malgastada elegancia desprendió mis ojos del gigantesco aviso publicitario de McDonals, en el cual ofrecían una de sus hamburguesas “Diet”. Él estaba justo debajo del aviso hurgando en la basura. La escena era deprimente. Minutos antes vi mi reloj y me di cuenta que pronto serian las doce, a esa hora los establecimientos de comida colapsan ante la muchedumbre hambrienta. No sentía hambre, sin embargo me decidí ir a comer. Él también se dio cuenta que ya era la hora del almuerzo. En su muñeca no vi reloj, pero quizás fue su reloj biológico el que lo alertó. De una de las bolsas negras saco un pedazo de arepa, y dejo escapar una sonrisa. Su encía solitaria dejaba ver la felicidad del hallazgo. Sobre una de las cajas reposaban la mitad de un pan, las sobras de una coca-cola y una lata repleta de residuos; la verdad es que era imposible saber la cantidad de cosas que tenia en esa lata.
Pensé invitarlo a comer, pero su olor me alejó las buenas intenciones. Lo vi empezar a comer y sentí como se revolvía mi estomago. Tuve que irme del lugar.

Cuando me senté a la mesa estaban transmitiendo las noticias. “la liquidez aumentó en un 3.21% en este mes” el joven reportero continuó hablando y no pude prestarle atención porque el mesonero llegó a tomar mi orden. Pedí un “pabellón” y un jugo de durazno. No pude tragar un solo bocado, esa imagen me daba vueltas en la cabeza; y cada vez que intentaba comer aparecían las nauseas. Le pedí al mesonero que por favor colocara la comida para llevar.

Cuando pasé por el lugar donde estaba este hombre, solo encontré las bolsas de basura. Me acerqué de prisa y deje la comida con el resto de la basura. Mañana no tendrá que buscar tanto, pensé; pero, tremenda ingenuidad la mía. Al empezar a alejarme del lugar, volaron como moscas dos chicos y una mujer que se ocultaban detrás de un árbol mientras yo dejaba el paquete.

Camino a casa aparecieron ante mis ojos los cientos de fantasmas que se esconden en la basura. Nunca pensé que fuesen tantos, de hecho nunca supe existiera alguien más que yo.

Enciendo la tele y ahí están, justo detrás de la reportera del canal 2. Cambio el canal y vuelven a aparecer, entre las sombras, a un lado de la calle, a un lado de la vida. Se refugian en los puentes. Están en los bancos, en las plazas, en todas las avenidas... me asustan; a veces pienso que quieren invadir la tierra, y me doy cuenta que hace años que lo hicieron y nadie se percató de ello.

Cuando los gobernantes hablan, ellos aplauden desde sus oscuras cavernas, sin pretensiones de nada. Sin esperanza. Ellos son parte de todo, aunque sean tratados como la nada. Van y vienen, deslizándose sin prisa ante mis ojos, y los ojos ciegos de esta sociedad paralítica, que se arrastra entre los edificios, los bares, los centros comerciales y las oficinas de los grandes adinerados, llevándoles como ofrenda las vidas de sus propios hijos.

Ha comenzado a llover y la ciudad ha quedado sola. Es normal que en este tiempo llueva en agosto; hoy en día todo es normal. La ciudad se queda sola, deshabitada en su totalidad por los seres humanos. Solo los fantasmas deambulan por ella, con frío, hambre, rencor y sueño.

Escúchame

¡Cállate por favor! te advierto que no voy a aceptar que sigas con tanto alboroto ¿Quién te crees que eres? No soporto tu maldita costumbre de hacerme quedar en ridículo ante los demás. No te aguanto. Ya son muchas historias, muchos años y aun no logro comprenderte, y menos hacer que me entiendas a mí.

Te propongo que hagamos un trato. Es simple: escúchame. Yo se que hablando no lograré solucionarlo todo, pero por lo menos sabrás lo que pienso. Tu eres fuerte, y como hombre siento vergüenza de reconocer que eres mas fuerte que yo, ¡entiéndelo por favor! Perdona si alzo la voz, es que no puedo contenerme ante tanta humillación. En fin, quiero que hablemos de forma serena, sin pelear; aunque pueda parecer increíble que yo no quiera pelear, es así, no deseo pelear otra vez. Te juro que no te vuelvo a pegar; no me comprometo a quitarte la cadena, pero si te aseguro que te tratare mejor desde ahora en adelante. No me mires así que me desarmas, eres una manipuladora y lo sabes. Solo por hoy te dejare dormir en el cuarto. Pero por favor no me lamas el rostro mientras este dormido; y no ladres en la madrugada.
Te lo ruego Lucy.

martes, julio 10, 2007

Camilo Herrea

Desde la primera vez que vi este video dije: "seria genial que todos mis amigos pudieran ver esto... esta muy bueno"
Por esa razón quiero compartirlo con ustedes. Es una forma muy peculiar de escribir la que tiene este amigo.