Escuela Literaria del Sur

La ELS ofrece una oportunidad para aprender el oficio de escribir sin las barreras de tiempo o coste que imponen las escuelas tradicionales.

Semanario La Vanguardia

Un espacio para el pensamiento agudo y las voces urgentes.

Libro Subito

Lea lo mejor del cuento breve contemporaneo.

Mostrando las entradas con la etiqueta Minificciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Minificciones. Mostrar todas las entradas

miércoles, enero 18, 2012

Saltar

Lo malo de saltar desde tan alto es que se baja a una velocidad impresionante. Empiezas a sentir como la sangre se acelera debajo de la piel, los ojos se tornan borrosos por las lágrimas y te dan ganas de gritar. Te contienes. Pero no puedes resistir por mucho tiempo. Así que gritas, pero no puedes oírte, de hecho nadie puede oírte; y vuelves a gritar, consiente de que lo único que lograrás es sentir la fuerza del grito recorriéndote desde el talón a la nuca.

En este momento comienzas a temer; la soledad te envuelve. En tus venas un ejercito transita acelerado, como tratando escapar por tu cabeza. Cuando te percatas que pronto llegará el final, ruegas para que todo salga bien, pues no quieres lastimarte otra vez.

A escasos metros del final no puedes contener el llanto, sabes que la caída no será suave. Abajo hay muchos mirándote, pero no te interesa; todos están esperando lo peor y no quieres que te vean caer.

La caída fue aparatosa, el cuerpo tambaleante a penas tiene fuerzas para mantenerse en pie, y un sabor amargo recorre tu lengua, atraviesa por tu paladar hasta llegar al estomago y empieza a contaminarlo todo. Te dan nauseas, y la descarga es inevitable. Lo demás ya lo sabemos, vuelves con el clásico juramento, “no lo volveré a hacer”. Pero que va, siempre es igual; siempre es lo mismo cuando te enamoras.

jueves, octubre 06, 2011

Lector furtivo o después de haber visto a Mr. Brooks

Estoy comenzando a desconfiar de mi alter. Y a no me gusta su criterio de selección. Hemos estado esperando por horas el momento preciso para asesinar a Samuel Cramer, pero ha encontrado siempre la excusa perfecta para prorrogar el ataque. Ahora que he podido acabar con el enigmático Mr. Quien, le veo llorar en los rincones del asiento trasero del auto. Algo serio le debe estar pasando porque no quiere hablar del tema.

Cuando le dije de nuestra próxima víctima se negó rotundamente. Jamás unos ojos me habían despreciado tanto. Cervantes no te lo perdonaría, dijo, y salió corriendo con el libro entre las manos.

Consumada herejía

Luego de haber practicado los conjuros que le recomendó la bruja, el escritor se sentía preparado. Así que tomó el libro y se instaló al borde de aquel elevado puente. Cerró los ojos, dijo las palabras mágicas y saltó, a la espera de que se abriera el vórtice que lo habría de llevar al reino de las criaturas aladas.

La sangre descendió sin prisa, marcando a su paso las piedras y hojas disueltas, hasta perderse en el diminuto y turbio río.

Más allá del reino, atravesando el bosque, la bruja reía a carcajadas grotescas al saber que su dios había sido burlado.

América la latina

Se quitó el delantal, lo tiró en la mesa, recogió el libro rojo, “Breve selección de microrrelatos de América Latina”, y salió a la calle sin volver la vista. El gringo leyó cada palabra del título del libro que estuvo sobre la mesa con su corto dominio del español y no pudo evitar el sabor a bilis cuando lo sorprendió la palabra breve. Había intentado hacerle el amor a la joven morena que recién se empleaba en su casa. Aquella tarde sacó su pene para mostrárselo a la hermosa muchacha sin evitar eyacular antes de cualquier contacto, rompiendo su propia marca de velocidad. El televisor a medio volumen mostraba a la selección de su país perdiendo tres a cero con México. El comentarista narraba pequeñas historias de los grandes iconos del futbol, mientras el gringo secaba sus manos en el delantal de América, la latina.

miércoles, octubre 05, 2011

Metro

Fea muerte esta, la de morir a medio día y exhibir las vísceras ante una multitud

hambrienta y desanimada, sin una sola persona que valore el gesto de compartir tus

intimas desgracias. Es preferible esperar las dos de la tarde, cuando ya estén satisfechos, o por lo menos no estén tan hambrientos, y poder lograr algunas reacciones, y que no solo sean vísceras las que vuelen por los aires. Para llenar de color esta tarde cualquiera.

La foca

Terminar así después de haberlo tenido todo. ¿Qué podría hacer ahora sin dedos?

¿Acaso lo respetarían como siempre? ¿Qué podía hacer si se burlaban de él? Ya no

podría dar coscorrones a los carajitos de barrio, podría darles cachetadas, pero jamás

será lo mismo voltearles la cara con la palma de la mano que sentir como los nudillos

se hunden hasta tocar sus cráneos y oír el “cloc” que infunde respeto. No volvería

masturbarse ni a aplaudir. Se imaginaba en el baño pensando en la muchacha de al

lado, frotándose el pene, golpeándolo con las dos palmas, aplaudiendo como una foca y llorando.


Mejor no parto el vidrio de este carro con las manos, se dijo. Siempre le he tenido lastima a las focas.

martes, octubre 23, 2007

Plagio

Una carrera exitosa, una vida llena de logros, una estrella. Nadie podía mirarme a la cara sin sentir mi superioridad. Para aquella película contrataron a un nuevo doble. Cada vez que lo miraba, era como verme al espejo con la horrible sensación de que ese reflejo no me obedecía. El parecido era tal, que él era quien firmaba los autógrafos. Se acostó con mi esposa, se ganó el afecto de mis hijos y de mi perro, le dieron mi trabajo y a mi el suyo.

Decidido a terminar con esta situación, cargue mi arma y fui a su encuentro; pero al estar los dos cara a cara, no supe si él era yo o si yo era él y termine disparando a la persona equivocada.

Exceso de velocidad

La colisión fue inevitable. Los vehículos involucrados quedaron inservibles. Los gritos de los heridos delataban la magnitud del hecho. Mi hijo fue el causante de la tragedia. Desde ese día jure que nunca lo volvería a llevar a los carritos chocones.